“SANAR” es una de las palabras más recurrentes en el mundo espiritual-terapéutico. Tanto, que a veces pienso que se vandalizó su significado, que se usa con extrema liviandad, que se volvió cliché, e incluso, un mandato y una exigencia más.
De hecho, es una de las frases que más escucho cuando alguien inicia terapia conmigo: “QUIERO SANAR”. Y ahí surge mi pregunta ¿qué es para vos sanar? Respuestas más usuales: “que me deje de doler x cosa que viví”, “que todo esté bien”, “no lastimarme más”, “dejar de tener relaciones tóxicas” (no me gusta esa palabra, pero las personas la usan demasiado), etc.
Por todo el cúmulo de fantasías adjuntadas, me convoca escribir, compartir reflexiones, reivindicar su tinte sagrado y la belleza de su inconmensurable amplitud.
Inicio por un brainstorming de preguntas disparadoras: ¿qué es SANAR? ¿qué implica “estar sanado”? ¿existe sanar completamente?
Cuando conecto con la idea de alguien que está viviendo un PROCESO de sanación, sintonizo con la imagen de alguien que, en su día a día, elige vivir de una manera consciente, amorosa y presente. Alguien que mantiene una conexión abierta con su mundo interno y con el mundo que le rodea. Que se reconoce tanto en la estrella más brillante como en cada hueso mortal de su esqueleto. Alguien que elige conectarse con LA VIDA y se deja atravesar por ella. Alguien que comprende que esa energía vital implica convivir con la dualidad (luz-sombra / día-noche / interno-externo / femenino-masculino / humano-divino / consciente-inconsciente) y se propone crear una danza para integrarla. Alguien que reconoce que esa experiencia de integración es TODO EL PROPÓSITO QUE TIENE SU VIDA AQUÍ EN LA TIERRA y sabe que eso implica un aprendizaje continuo.
Entonces podría decir que “SANAR” es accionar esta vida desde un estado de presencia. Es reconocer que ahí está la propia Maestría.
Y aquí hay algo que es importante remarcar: SANAR no es un objetivo ni un destino al que se llega. No es una misión ni tampoco un propósito. Es una consecuencia natural del “vivir a consciencia”, y sucede inevitablemente si estás en ese camino.
Y esto ES FUNDANTE!!! Porque si realmente lo comprendieras, no debería quitarte el sueño, ni deberías preocuparte por el hecho de confirmarlo preguntándoselo a otra persona, “estoy sanando?”. Directamente deberías experimentar las consecuencias en tu vida diaria. Y es importante que seas capaz de PERCIBIR el efecto de sanación en tu cotidianeidad. Que puedas entrenarte en ver, sentir, escuchar, el efecto de ese “vivir a consciencia”.
Entonces, respira profundo unas 3 veces y volvé que seguimos un poco más!
…
SANAR es un título grande que está lleno de subtítulos. Contiene muchos pasitos y todos son valiosos! Como ya describí, implica ser consciente.
Y cuando te permitís ser consciente y explorar tu interior con valentía y honestidad, empezas a ver los fantasmas invisibles de tu placard, el polvo acumulado entre tus disfraces, las emociones enterradas bajo contracturas musculares, los pensamientos (auto)destructivos que creías ajenos… Y todo eso, no suele sentirse muy bien al inicio, más es tremendamente importante dentro del camino de SANACIÓN (consciencia + aceptación + amor compasivo).
¿POR QUÉ?
Porque cuando podés ver cada porción de tu mente retorcida (creéme, aquí nadie se salva!), cuando des-cubris cada herida psíquica, emocional y corporal, podes entregarte a un proceso REAL y HUMANO de sanación que te guiará a iluminar cada rincón doloroso, olvidado e incómodo.
Tiene que ver con crear esa danza de integración que nombré hace unos párrafos: tejer un vínculo con tu sombra, tu inconsciente y todas esas partecitas que son las que más rechazo y resistencia generan. Pues a todos nos relaja y alegra saber que somos seres divinos y buenos, pero ¿qué nos genera reconocer que también nos confundimos, que lastimamos, que no lo sabemos todo ni somos perfectos?
Por eso el camino de integrarnos, en gran medida, se trata de ir hacia nuestra oscuridad. Es una elección consciente que tomamos. SANAR es elegir mirar nuestra oscuridad compasivamente. Es abrazar, acariciar, asentir a la propia oscuridad. Es generar una relación cercana, un diálogo con nuestro inconsciente.
Observar de dónde proviene la angustia, la ira, la desconexión, la insensibilidad, la rigidez, el rechazo, el abandono, la vergüenza, la culpa, la complacencia, la necesidad de salvar a todos… Comprender qué mecanismos están operando ahí, qué construcciones hiciste, qué creencias y relatos (internos y externos) te limitan y sostienen en una posición que te lastima y genera malestar (consciente e inconscientemente) (Bendita sea la terapia!!!!).
Este proceso de sanación tiene un movimiento espiralado, pendulante, oscilatorio, de contracción y expansión. Vamos y venimos. Y por mucha resistencia que pongamos, no lo podemos evitar ni cambiar. Por eso te propongo:
- No te resistas tanto al vaivén, una buena etapa no impide que después estés en la sh*t.
- No le tengas miedo a tu propia merd. Mirá los mecanismos que surgen de ahí, cómo (te) lastimás, todo eso es abono para tu fertilidad.
- No te creas 100% en los extremos. Tu ser honesto se va construyendo en el punto medio.
Para todo esto hay 2 claves:
1) Encontrar el balance entre lo macro y lo micro.
2) Encontrar un ritmo en el que vivir todo esto se sienta bien, y puedas tener momentos de descanso – quietud – renovación – integración.
Y ¿cómo encontramos esto? EXPERIMENTANDO. Probando. Explorando. (Aquí te sugiero no ahorrar 😅)
Cuanto más podemos ir hacia nuestra sombra y conectar ahí, más podemos amplificar nuestra luz. Y esa luz se traduce en claridad y consciencia, que vuelve a permitirnos profundizar nuestro contacto con nuestra sombra. Y así, cada vez que “vamos y venimos” estamos expandiendo nuestro vínculo con nuestro cuerpo, mente y espíritu. INTEGRAR, incorporar, todo “lo nuevo” que trae cada ciclo de ida-vuelta, luz-oscuridad, inhalación-exhalación es lo que te va permitiendo sanar e ir ascendiendo en tu propia espiral de vida.
De eso se trata, de tejer puentes, de ir hacia dentro y hacia fuera de una manera CONECTADA, consciente. Donde cada inhalación se ve transformada por la exhalación que acaba de suceder-te. Y viceversa.
Conclusión: Sanar no es el propósito ni el destino, EXPERIMENTAR cómo integrarte SÍ lo es. ¿Cómo vas a elegir hacerlo?
Esto sigue… pero elegí hacer una pausa acá para que podamos digerirlo bien. Pronto seguimos con la parte 2.
Espero tus comentarios y reflexiones…
Abrazo INMENSO!
Maite